Náufragos: una crítica al teatro mismo

No hace mucho, el reconocido escritor Héctor Abad Faciolince escribió una columna donde se quejaba del trauma que le significaba ver teatro, esa cosa muerta que se niega morir del todo, ese zombi griego, ese nido del tedio. Algo así. No es necesario volver sobre el texto. Acá no importa mucho ser preciso.

Desde luego, hubo respuestas airadas de todos los calibres, algunas más inteligentes que otras, y tampoco tiene sentido recapitularlas. Sin embargo, ahora que se ha enfriado el debate, vale la pena preguntarse: ¿Estaba equivocado del todo?

No se trata de darle la razón, desde luego. La columna pecaba de exceso de prejuicios y generalizaciones. Pero plantea una pregunta para quienes nos dedicamos a este arte y para sus espectadores que es, por lo menos, válida: ¿Hacemos lo suficiente para mantenerlo vivo?

La responsabilidad es mutua. Por un lado, es responsabilidad del artista mirar más allá de su ego y hacer lo que sea necesario para llevar este arte milenario un poco más allá. Aprender de la tradición, pero subvertirla al mismo tiempo. Y no se trata de esa búsqueda vacía de la originalidad que ha parido tantas vanguardias de papel maché, sino de pensar el quehacer artístico con la seriedad que se merece, ahondar en nuestra propia época, nuestras particularidades, y proponer caminos nuevos y revitalizadores para el teatro, pero sin olvidar el espectador. Asumirse como un ser creador, sí, pero que no es nada sin el público.

Por otro lado, es responsabilidad del público convertirse en un elemento transformador, ser sujeto crítico, dejar de ser un “espectador hembra”, parafraseando a Cortázar, y rodear a los artistas en esta labor, de por sí difícil, que a veces se ve entorpecida por factores externos, como la política o los intereses económicos.

 La obra Náufragos, de Alberto Sierra, es una parodia a esos lugares comunes de la creación teatral que tantos suelen tomar como verdades absolutas. Esta obra responde a una necesidad del público de la Casa, recogida en las encuestas. ver más comedias bien hechas. La comedia tiene sus propias exigencias y asumimos la responsabilidad. Desechamos el chiste fácil y acudimos a dramaturgia de altura. Hemos montado a  Moliere, un clásico universal, a Fernando Arrabal, ese español genial, y ahora a Alberto Sierra, a un referente de la dramaturgia nacional.  

¿De qué trata Náufragos? Del teatro mismo, desde luego. Un dramaturgo lidia con las libertades insólitas de sus personajes. Y su búsqueda artística, los límites entre lo real y lo fantástico, entre lo actuado y lo soñado, entre el acierto y el error, entre lo sagrado y lo pagano, se diluyen de forma imperceptible. 

Fechas:

21 y 22 de Agosto

Informes

Teléfonos: 4572666 - 4523047

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