El amante

De Harold Pinter (Premio Nobel de literatura 2005)

“La escena inicial nos muestra a un opulento hombre de negocios disponiéndose a salir y preguntándole cortésmente a su mujer si piensa entrevistarse hoy con su amante. La mujer responde que sí y le recomienda que vuelva a casa tarde. A continuación, se transforma en seductora sirena y espera al amante. Llaman a la puerta y el visitante resulta ser el marido. En el segundo acto los dos representan una serie de fantasías semisádicas. La alusión parece apuntar hacia El balcón, de Genet, pero la intención de Pinter no es la del autor francés. Los personajes de Genet desarrollan sus fantasías sexuales para proporcionarse la ilusión de ser alguien, de tener una realidad propia, mientras que los de Pinter pretenden lograr la potencia sexual. Sólo pueden conseguir la comunicación física a través de un complicado proceso de comunicación emocional. Es tan grande la esterilidad, tanto física como emocional, de la pareja, que solamente pueden aproximarse el uno al otro en un mundo de fantasía. El marido intenta romper el círculo vicioso, pero la mujer insiste frenéticamente para que continúe el juego. Finalmente él cede, y ambos se sumergen de nuevo en el mundo de la irrealidad. El amante es la afirmación más amarga, más convincente y mejor escrita, de la certeza de Pinter de que la tragedia de la gente de hoy consiste en su 'evasión deliberada de la comunicación'.”

Fragmento del libro "Teatro de protesta y paradoja"
George E. Wellwarth
(1964)

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